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viernes, 13 de diciembre de 2013

Pito pito, principito... ¿o pitufito?

Hazme el amor con los labios, pero sin rozarme y no, tampoco vale besarme; háblame hasta que te sienta en lo más profundo de mis entrañas y haz que mi vello se ponga "de punta", pero no vale usar gomina :-). Túmbate a mi lado y abrázame, pero no me toques; hazlo con la mirada. Desnúdate, pero sin dejar que se vea tu cuerpo; vístete con la sinceridad y a la vez, haz de tu forma de ser una muestra de desnudez. No cocines para mí, dame ilusión y alegría, y te prepararé un plato de sonrisas. Hablando de reír, quiero que llores, pero de risa y, ¿porque no? cuando estés triste: ríete de llorar. Prométeme que no te disfrazarás mas que en carnaval y crearé un festival aún más conocido que ese, en el que tú serás la protagonista.





Se maestra y aprendiz: aprende pero no de mí, junto a mí y a la vez que me enseñas. Escríbeme un libro más gordo que el de petete, pero no lo hagas con bolígrafo, pues a la larga, este se borra. Prefiero que pintes con la pluma del tiempo y la tinta de los actos, ésta es imborrable, y como papel... usa la memoria... aún mejor, hagámoslo juntos; yo te presto la mía para que creemos juntos esas hojas escritas a las que llaman recuerdos. Si acaso se acaba la tinta, yo te daré mi sangre para que sigas, pues hace tiempo parece que a alguien se le acabó y se de un cuento que se quedó a medio escribir. Elije un tono, dime el código hexagesimal y me pintaré de azul para ser tu príncipe, pero recuerda siempre que solo es pintura. Eso sí, si algún día la lluvia hace que mi azul pierda su tono, no me dejes para buscar otro pitufo... perdón, príncipe, ayúdame a buscar un bote de pintura con el que reparar mi colorido. No te encierres en una torre para que vaya en tu busca, vente conmigo a luchar contra las bestias, pues estoy seguro de que tú, con esas armas a las que llaman valor, fuerza y voluntad, vencerás mucho mejor que yo al dragón del día a día. Quiero también que me enseñes a utilizarlas, pues hace tiempo que las uso pero creo que podemos compartir "técnica". ¿Para que un final feliz? si al final, todo se acaba; mejor, no pongas fin y así lo mismo, nunca se acaba.


No me pidas un castillo, quizá no te lo pueda dar, porque no soy albañil (se supone que soy un pitu... perdón, príncipe azul ¿recuerdas?). Eso sí, de topografía si que se un poco, si quieres, puedo diseñar los planos de un camino al que llamaremos vida, a gusto de los dos, que de uno solo, queda muy soso. Después lo construimos juntos, este tiene que dirigirse hacia  un lugar que nunca podamos alcanzar. Quizá algún día lo alcancemos, quien sabe... pero el cuento no puede acabar, así que otra meta más lejana nos tendremos que marcar. Una buena idea, sería seguir el sol, y por la noche a las estrellas. El problema sería distinguirlos, y normal, brillas tanto, que destellas.



Por cierto, hace tiempo que quería decirte algo, pero solo porque tú y yo lo sabemos. Recuerda también siempre, que no es más importante lo que se promete, si no lo que se mete.

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